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¿Por qué se nos olvidan las cosas?

 

¿Conoces la memoria selectiva? Seguro has escuchado hablar de ella con anterioridad, pero es probable que no sepas algo importante. Así que, ahí va…

La memoria funciona de una forma selectiva siempre, es decir, no recuerda toda la información que capta de la misma forma. Alguna información puede almacenarse profundamente en la mente y recordarse a la perfección, mientras que otros aspectos pueden no memorizarse bien y olvidarse con facilidad.

Por tanto, la memoria selectiva no es un tipo de memoria, sino que es el proceso total de memorización de las cosas, donde cierta información se almacena y otra se desecha.

Los sentidos captan infinidad de estímulos, ya sea a través de la vista, el olfato, el tacto, el gusto o el oído. La cantidad de información que llega al cerebro durante un día resulta incontable. Por eso, si tratamos de recordar por la noche toda la información que hemos percibido durante el día, será completamente imposible. Esto es consecuencia de la selectividad de la memoria.

Por eso no te preocupes si hay cosas que no recuerdas, es probable que no hayan sido de vital importancia para ti y hayas preferido no ocupar espacio en tu disco duro.

 

¿Cómo funciona nuestro piloto automático?

 

A pesar de no poder recordar todas las cosas que vemos y sentimos cada día en cada momento, si podemos entrenarnos para recordar ciertos estímulos y automatizar respuestas ante estos. El problema es cuando las respuestas que automatizamos, perjudican nuestra salud.

Y ahora pensarás: ¿cómo nosotros mismos vamos a perjudicarnos? Pues lamentamos decirte que sí.

Los seres humanos repetimos patrones de conducta y pensamiento automáticos, condicionados por la familia, el entorno, la cultura, la infancia, las experiencias, etc. Pero no siempre esos patrones aprendidos tienen por qué beneficiar nuestra salud.  Por eso, debemos hacer un extra esfuerzo para generar nuevos comportamientos, rompiendo con los viejos que nos alejan de nuestro objetivo (mejorar la salud).

Aquí un ejemplo:

Acabamos de saber por nuestro médico que algo en nuestro hígado no anda del todo bien. No es nada grave pero nos ha recomendado que durante tres meses evitemos las carnes rojas, el alcohol y las grasas saturadas.

Sin embargo, los domingos es tradición hacer una barbacoa con nuestros amigos desde hace mucho tiempo, por lo que nos enfrentamos al dilema de qué hacer.

Por un lado tenemos a nuestro entorno que, aún sabiendo nuestra situación, no colabora mucho con la causa y nos incita a que comamos barbacoa, como hasta ahora hemos hecho desde hace años. Por tradición, por sentido de pertenencia, por haber creado un vínculo sentimental con ese momento. Se apoyan en frases como: “por un trocito no pasa nada”, “un día es un día”.

Si a eso le sumamos que nosotros mismos recurrimos al autoengaño y generamos fuerza en la misma dirección con frases como: “He cumplido toda la semana con la dieta, así que me lo merezco” “Es fin de semana y también tengo que disfrutar”.

Al final, la decisión de tomarte un par de cervezas con un corte de carne roja y unas patatas fritas perjudica tu salud, pero lo llevas a cabo porque… ¿Cómo no voy a hacerlo? ¿Qué van a pensar de mi?

Ese patrón de conducta adquirido y automatizado desde hace mucho tiempo atrás, será el que debamos romper.

¡No será fácil, pero tampoco imposible!

 

El miedo a lo desconocido es lo que nos paraliza.

 

Para lograr un cambio, tienes que estar dispuesto a cambiar. Y pensaremos… “que obviedad”, pero hasta lo más obvio se nos olvida.

A veces, dichos cambios duelen y molestan, porque la mayoría de las veces tienes que asumir una verdad que no te gusta, salir de tu zona de confort y enfrentarte a situaciones desconocidas donde te sientes vulnerable. Pero esto hará que evoluciones y que nunca más te engañes a ti mismo.

¡Solamente hacer cosas diferentes traerá resultados diferentes!

 

¿Cómo reconocer una situación para no caer en el autoengaño?

 

Para no caer en el autoengaño tendremos que aprender a elegir lo que verdaderamente nos conviene y a tomar DECISIONES CONSCIENTES y aquí es donde solemos fallar.

La personas, nos creamos falsas necesidades. Nos decimos a nosotros mismos cosas como: “sin esto no podría vivir”, “mi cuerpo me lo pide”, “sin esto no es lo mismo”, etc. Pero en realidad, sabemos que no es cierto. Lo de: “necesito algo dulce después de cenar” se ha convertido en un clásico pero… ¿has visto morir a alguien por no haberlo comido? Por suerte hasta ahora no. jeje.

Por eso, no será difícil identificar aquellas situaciones en las que la honestidad hacia nosotros mismos se vea comprometida. Recuerda este ejemplo simple en aquellos momentos donde tu verdadero “YO” te diga no deberías hacerlo y tu ser más terrenal te diga lo contrario. De esta forma sabrás que estás viviendo una situación de riesgo de autoengaño.

 

Tomar decisiones conscientes gracias a la neurociencia.

La neurociencia ha comprobado que, cerrar y abrir los ojos lentamente, abre un espacio temporal en nuestra mente. Dicho espacio será el tiempo, por breve que parezca, que nos separe de accionar de una manera impulsiva y automática (inconsciente) o accionar de manera consciente.

Cuando sintamos que estamos envueltos en una situación donde la decisión que tomemos puede comprometer nuestro objetivo, tenemos que poner un freno justo antes de tomar una decisión. Esa mini pausa (de cerrar los ojos y abrirlos lentamente) nos dará la posibilidad de elegir y cambiar nuestra decisión.

Lo que normalmente decidiríamos de manera automática por las programaciones antiguas que llevamos con nosotros, sabiendo que no es lo mejor para nuestro objetivo, ahora puede ser modificado gracias a esta técnica minimalista basada en la neurociencia. 

Cuanto más repitamos esta acción ante situaciones parecidas, antes iremos generando ese nuevo patrón de conducta que nos acerque a tomar decisiones cada vez más conscientes para mejorar nuestra salud.

En el ejemplo anterior:

Cuando nuestra decisión sea echar a la parrilla una pechuga de pollo, con verduras como guarnición y una limonada para beber, el nuevo automatismo de acción habrá sido creado. La nueva decisión estará condicionada por el libre albedrío y la respuesta automática e inconsciente de acción anterior se habrá eliminado.

 

Conclusión

 

Todo en la vida lleva un proceso y esto no será menos. Lo importante es como llevemos dicho proceso. Podemos nunca cumplirlo, podemos cumplirlo a duras penas sufriendo por ello o podemos cumplirlo entendiendo el camino sin sufrir durante el mismo. fuerza de voluntad.

Entender como funciona nuestra mente nos ayudará a ser conscientes de los mecanismos y técnicas que debemos aplicar para superar nuestras debilidades, acabar con el autoengaño y aumentar nuestra fuerza de voluntad.

Aplica esta técnica minimalista durante esta semana y siente como cada vez tendrás mayor autocontrol sobre tus decisiones.

¡Más decisiones conscientes, mejor salud!

Si quieres saber más sobre decisiones conscientes y como practicar Fitness Consciente lee nuestro artículo: ¿QUÉ RELACIÓN TIENE EL FITNESS CON LA ESPIRITUALIDAD?